En realidad no sé quién es Aleta, la que pinta.
Aleta imagina
Cosas incomprensibles para todos los humanos
Cochinos que duermen en almohadones de plumas
Salamandras voladoras comedoras de orejas
Flores de loto que dan vueltas blancas y negras
Pingüinos que van de la mano.
Cuando llamo a Aleta
Mi Aleta otra vez es la niña que pinta
Y atiende el teléfono con sus dos manos
Y hace para mí un mundo en desorden
Donde los colores huelen a verde
Y las líneas conversan entretejidas
Y en su sencillez complicada Aleta
Me pinta con un cepillo de dientes
Una vida donde todo parece de flores mojadas.
Pero no sé qué más decir de Aleta, la pintora.
Ella viene corriendo con su puño de pinceles en la mano
Y me dice que me aparte que todavía no sabe
Cómo va a ser el fondo de su cuadro
Y empieza a moverse
Me vuelve a poner en medio
Porque quiere que yo sea su retrato.
Aleta, Aleta la que pinta Aleta, la pintora
Es una mujer muy difícil
Cuando ella piensa que así son las cosas
Mejor tomarla por la otra mano
Y dejarla sola que se calme
Hasta que pase la tormenta por su ojo
Hasta que se devuelva tranquilita por su calle
Abrazada a un nuevo lienzo
Diciendo que ha encontrado algo.
Aleta qué decir de ti cuando pintas lo que pintas.
Aleta, mi Alegre Aleta
Llena de viejos retazos que desconoces
Hazme una caja para vivir con todos tus colores
Donde pueda quedarme dormido
Hazme una instalación
Donde siempre pueda encontrarte
Hazme una escultura habitable
Y pónmele un teléfono para tus dos manos
Que siempre te estaré llamando llamándote
Tantas veces hasta oír que respondas:
“SOY ALETA, ALETA LA QUE PINTA”
Poema: Alejandro Bruzual. Venezuela. 1957
Fotografía: María Elena Ferrer.


















