desarrollar mis capacidades intimas,
mis aptitudes creadoras, mi propio deslumbramiento.
Se trataba de ver a seres fantásticos o ver
los muñones atroces de la guerra.
Opté, voté, escogí,
giré la rueda de mi propia ley;
tejí mis genes nuevamente,
tejí mis huesos,
tejí mi carne,
tejí mi lengua,
tejí un nuevo abecé.
Fijé un cosmos,
usé todo mi aliento primigenio,
forjé una dulce nuez,
un principio ignoto,
vital,
curativo,
fecundé mi propio óvulo,
me preñé.
nací,
lloré,
igual lloré.
María Elena Ferrer. Venezuela. 1973


















