sábado, 18 de mayo de 2013
miércoles, 8 de mayo de 2013
lunes, 6 de mayo de 2013
viernes, 26 de abril de 2013
domingo, 21 de abril de 2013
jueves, 18 de abril de 2013
Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:
-El amigo se murió.
-Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.
El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.
-Entra, niño, que llega el frío -dijo la madre.
Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba. Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: «Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada». Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: «Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido». Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.
Ana María Matute
miércoles, 17 de abril de 2013
martes, 16 de abril de 2013
SIBONEY
"Y ahí seguía parado entre aquella gente alegre y divertida que ni siquiera se había fijado en él todavía. Más no tardaban en hacerlo, porque en ésas se acabo aquel Siboney embrujador y él salió disparado rumbo al tocadisco, para volverlo a poner, pero para volverlo a poner y poner y poner, ad infinitum y así me maten, ¿me oyen?, ¿ya me oyeron? Y ahora sí que el sonriente pero nervioso desconcierto de todos no tuvo más remedio que reparar en él.
- Yo quiero bailar con ella - dijo, entonces, Carlitos, con el brazo de mando en alto y todo, más una voz absolutamente desconocida y como de imprevisibles consecuencias. Y agregó - : Y voy a bailar con ella, porque no tardo en saber quién es. Que ya lo sé, por otra parte, desde algunas horas. O sea que ya me pueden ir dejando esa canción para siempre. Y entonces bailaré para siempre, también, claro que sí."
El huerto de mi amada. Alfredo Bryce Echenique.
¡Qué pena! León Felipe
¿Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas
y siempre se repitieran
los mismos pueblos, las mismas ventas,
los mismos rebaños, las mismas recuas!
¡Qué pena si esta vida nuestra tuviera
-esta vida nuestra-
mil años de existencia!
¿Quién la haría hasta el fin llevadera?
¿Quién la soportaría toda sin protesta?
¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra
al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha?
Los mismos hombres, las mismas guerras,
los mismos tiranos, las mismas cadenas,
los mismos farsantes, las mismas sectas
¡y los mismos, los mismos poetas!
¿Qué pena,
que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!
León Felipe
viernes, 12 de abril de 2013
domingo, 7 de abril de 2013
domingo, 31 de marzo de 2013
Sean más cuerdas las Poetas que los Pintores.
Vagábamos las tres
por la Avenida Dos Lora,
cantando,
tomadas de las manos.
tomadas de las manos.
Nos gustaban las frías noches de juerga,
los viernes de
arrastre y las puertas giratorias.
Salió de la nada aquel pintor,
con sus cabellos largos,
con su fea camisa,
con su pésimo lienzo de palmeras inmóviles bajo el brazo.
¡Poetas enfermas!
¡Poetas ambiguas!
Miren lo que tengo para ustedes, decía
mientras se agarraba el pantalón obscenamente.
Una hora después brindábamos en el Bar La Concordia,
una más bella que la otra,
inflamadas de alegría,
poesía y crimen.
Poema y fotografía: M.E. Ferrer
viernes, 29 de marzo de 2013
Entonces te acercaste y te vimos todos. M.E. Ferrer
Fue largo el tiempo de la expiación
del trabajo duro,
el tiempo de horadar la roca,
de emplear picos, palas hasta el agotamiento.
Un tiempo donde las lágrimas no dejaron de rodar,
donde el surco de tu inconsolable rostro
era semejante al de la piedra que mil veces golpeabas.
Has regresado todo molido,
todo abierto,
todo lisiado.
Tu bello rostro se ha estropeado,
no pudiste detener el derrumbe.
Mira tu ropa, tus cabellos
todo pudriéndose al viento.
Tus ojos fueron forzados a las tinieblas,
privados de la flor,
del amanecer,
de los cotidianos días,
preferiste el subterráneo universo de las vísceras.
¡Qué posturas tan forzadas!
¿Cuánto ha sido la distancia recorrida de rodillas?
Has humillado tu cuerpo y tu existencia,
te separaste de tus semejantes
con amputaciones y secos martillazos.
Pero dime, Poeta
responde, por favor
¿Algún desconocido Dios legitimó tu evangelio?
¿Encontraste algún reino?
Acaso turquesas, oro, cuarzo, granate.
¿Cuál fue tu hallazgo en todos estos años?
Muéstrame tus manos
¿Por qué siguen tan vacías?
Poema : M.E. Ferrer
miércoles, 27 de marzo de 2013
Una extraña y sucia belleza en el Hotel 16.
Existen chicos en la
calle Boston que son muy diferentes,
negocian su verdor,
saben de narcóticos,
de relampagueantes arrebatos
en la vía pública.
Ellos son el lejano eco de una
adolescencia orgánica,
intrépida,
compasiva;
tienen una piel muy pálida,
frágil,
mundana.
Ellos quisieran perpetuar sus
cuerpos de hombres - niños,
conservar a toda costa esa
arquitectura delgada y grácil.
Sus abismos son la delicia
de un pelotón de vouyeristas
sin rostros,
mirones de sexo duro.
Ellos incendiaron sus casas para
no volver,
ellos decidieron ser hermanos,
amontonarse en el pringoso Hotel
16.
A las seis de la mañana llega
el forastero,
se detiene en la recepción,
luego de unos minutos suele hablar de esta manera:
Would you call Arnold Dirty?
Would you call Joe Dirty?
Would you call Austin Dirty?
Would you call Bobby Dirty?
Would you call Derek Dirty?
Would you call Glen Dirty?
Would you call Evans Dirty?
Siempre es igual,
el mismo llamado,
la misma extranjera voz,
los mismos humillados
nombres,
el triste sorteo.
Existen chicos en la
calle Boston que son muy diferentes,
ellos expulsan su corazón en
un mar de vómitos.
Hombres – niños de corto
viaje
guardados en gavetas
metálicas muy frías.
Texto: M.E. Ferrer
Fotografía: Mark Morriroe. Artista y fotógrafo estadounidense. 1959 - 1989
"Identidad" Marta Traba
Todos buscamos nuestra identidad; como auténticos apátridas de la cultura que necesitan conseguir a toda costa papeles amarillos, recuerdos perdidos o inventados, árboles genealógicos trazados a la carrera; buscar identidad en el fondo es ambicionar que algo de lo que hacemos y decimos parezca, suene a verdad; no una verdad como afirmación sobre las realidades objetivas, sino una verdad particular, nuestra, que resulte tan atractiva como para convencer a nuestra propia gente y a los demás de que las cosas son así.
Marta Traba. Escritora y crítica del arte. Argentino- colombiana. 1930 - 1983
Fotografía: M.E. Ferrer
lunes, 25 de marzo de 2013
domingo, 24 de marzo de 2013
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